Mitos y Realidades

Mito: Siempre hemos vivido con radiación cósmica y nunca nos ha afectado, ¿por qué, ahora, tendría que ser diferente?

Realidad: La radiación cósmica y del sol es mínima comparada con la generada por los teléfonos celulares y otros aparatos que utilizan tecnología inalámbrica. Una persona que se ubique a 30 centímetros de un teléfono celular recibe una radiación dos mil millones de veces mayor que la del medio ambiente natural.

Mito: Una prueba de que la radiación electromagnética no provoca cáncer cerebral es que no hay indicios de un incremento en los casos

Realidad: Los tumores cerebrales tardan décadas, por lo menos 10 años en aparecer, y el uso intensivo de teléfonos celulares se inició hace algunos años. Por lo tanto, todavía no hay datos que muestren una relación causal de manera fehaciente y los incrementos en cáncer por el uso actual se observarán dentro de unas décadas.

Si esperamos hasta que se tengan pruebas absolutas, tal vez formemos parte de las estadísticas futuras y sea demasiado tarde. Es necesario tomar un criterio precautorio y empezar a protegernos lo más pronto posible, el costo de no hacer nada puede ser altísimo. Como dice el viejo refrán: “más vale prevenir que lamentar”.

Mito: La radiación de los teléfonos celulares no es lo suficientemente fuerte para afectar la salud.

Realidad: Existen miles de estudios independientes de científicos e instituciones de gran prestigio internacional que demuestran los efectos biológicos de la radiación: rompimiento de las cadenas de ADN, generación de radicales libres, ruptura de la barrera hematoencefálica, disminución del conteo y calidad del semen. Aunque la radiación de los teléfonos celulares es no-ionizante, es decir no suficientemente fuerte para romper los iones de los átomos, no excluye que puedan ocurrir otros tipos de daños.

Mito: Si realmente hubiera un problema ya nos habría advertido la industria de teléfonos celulares o, en su defecto, los reguladores y autoridades de salud.

Realidad: Las menos interesados en que usted tenga conciencia de los riesgos posibles son las empresas de la industria celular ya que los efectos sobre sus intereses económicos serían enormes. En 1983, cuando se presentó la primera demanda contra las compañías, sus acciones bajaron más de un 30%. La industria se está cubriendo de demandas futuras con notas de advertencia (en letra muy pequeña y lugares poco visibles). Mientras tanto, están llevando a cabo  una estrategia para sembrar dudas sobre las investigaciones independientes que han encontrado riesgos y generar una falsa polémica. Es la misma estrategia que, en su momento, siguió la industria del tabaco para retrasar el reconocimiento de los riesgos de fumar, hasta que millones de enfermos de cáncer o enfisema pulmonar los hicieron evidentes.

¿Se puede tener confianza en que la industria reconozca los riesgos de sus productos cuando hay tanto dinero de por medio? La experiencia nos indica que las compañías siempre tratarán de cubrirse y continuarán ofreciendo sus productos a pesar de los riesgos hasta que la evidencia (representada por enfermos y muertos) los obligue a tomar acciones de advertencia. Este fue el caso no sólo de la industria del tabaco, sino del plomo, del benceno, del asbesto, del DDT y del dioxano, utilizado en algunos champús para bebés y productos de baño.

Considere el uso del CT Scanner (utilizado para tomografías y resonancias magnéticas) por el cual los hospitales cobran tarifas sumamente altas.  El ánimo de lucro les hace ofrecer una tecnología que en el estómago de un niño puede ser equivalente a 600 rayos X del pecho, mientras que en su pequeño cerebro puede ser equivalente a algunos miles de rayos X.

Un simple “scanneo” computarizado del estómago hoy en día puede suministrar la mitad de la dosis suficiente para inducir cáncer encontrada en aquellos que sobrevivieron a las bombas atómicas en Japón. La dosis colectiva anual estimada de la exposición por “scanners” médicos en los Estados Unidos es similar a la dosis colectiva mundial generada por la catástrofe mundial de Chernóbil. ¿Esta realidad ha detenido a los hospitales y médicos?, ¿ha recibido usted alguna advertencia al respecto?

Mito: No hay estudios que prueben que existen riesgos por el uso de teléfonos celulares o la radiación electromagnética en general.

Realidad: La industria de teléfonos celulares se ha encargado de propagar esta mentira, directamente o a través de sus voceros pagados (científicos mercenarios, “bloggeros”, “journals académicos” y algunos medios de comunicación). Hay miles de estudios independientes y serios, realizados por científicos reconocidos de diversos países que han mostrado efectos negativos provocados por la radiación electromagnética. La evidencia de estos estudios independientes continúa acumulándose en la medida en que los períodos de alta exposición están aumentando. Ahora, aún los estudios que niegan los riesgos de los teléfonos celulares se cubren en sus conclusiones mencionando que es necesaria más investigación (además de que con eso le hacen ganar tiempo a la industria).

Mito: Si el problema fuera tan evidente, los científicos ya habrían llegado a un acuerdo sobre el riesgo del uso de teléfonos celulares. En su lugar, tengo conocimiento de estudios que han demostrado que no hay riesgos.

Realidad: Existen una serie de estudios publicitados en todo el mundo que han concluido que no existen riesgos por el uso de teléfonos celulares y otras tecnologías inalámbricas. Sin embargo, la mayoría de dichos estudios han sido financiados, directa o indirectamente, por la industria celular y tienen anomalías importantes que van desde definiciones muy laxas de lo que se considera como un uso intensivo o los hábitos de utilización; llegando, inclusive, a la manipulación de las muestras y de las conclusiones.

Cabe señalar que, aún los estudios bien diseñados, tienen limitaciones para demostrar los riesgos debido a que los tumores y el cáncer empiezan a manifestarse hasta después de 10 años de uso intensivo y apenas llevamos algunos años de dicho uso. Nos estamos enfrentando a una situación que no existía hace una década (en los últimos diez años la radiación electromagnética aumentó un millón de veces), cuando muchos de los estudios que conocemos fueron realizados. Apenas en los últimos años hemos llegado al uso intensivo de la comunicación celular e inalámbrica por prácticamente la mitad de los habitantes de la tierra haciendo cada vez más complicado el que se tenga un grupo de control contra el cual comparar los resultados. Los avances en la tecnología, la aparición de nuevos aparatos, el incremento en el número de usuarios y sus patrones de uso han hecho muy difícil que las investigaciones les sigan el ritmo.

Esta dificultad para encontrar relaciones causales entre el uso de teléfonos celulares y un mayor riesgo de enfermedades es, precisamente, la que hace aún más significativos los resultados de múltiples investigaciones independientes que han mostrado dicho riesgo.

Mito: La frecuencia de los teléfonos celulares, teléfonos inalámbricos y Wifi es menor que la de la luz visible; por lo tanto, no puede dañarnos.

Realidad: La menor frecuencia de los aparatos inalámbricos les permite atravesar paredes y edificios, con mucha mayor razón el cuerpo humano. Las ondas infrarrojas tienen una menor frecuencia que la luz visible y pueden quemar su piel o dejarlo ciego. Las microondas también registran una menor frecuencia y son capaces de calentar los alimentos.

Mito: El hecho de que la Organización Mundial de la Salud haya clasificado a la radiación electromagnética como “posiblemente carcinógena” implica que no hay tanto riesgo.

Realidad: Por el contrario, dicha clasificación fue un primer gran paso en el reconocimiento de los riesgos y fue muy mal recibida por la industria celular. La OMS tuvo que considerar la evidencia creciente de los estudios independientes y el gran riesgo potencial dado el uso tan extendido de los teléfonos celulares. De hecho, esta clasificación coloca a la radiación electromagnética en el mismo grupo del DDT, el plomo y el dioxano.

Mito: Todos aquellos que muestran preocupación y advierten sobre los riesgos de los teléfonos celulares y la radiación electromagnética lo hacen con la única intención de lucrar sobre el tema.

Realidad: Sólo considere, ¿dónde está el dinero?, ¿quién tiene el mayor interés?, la industria emisora de radiación electromagnética obtiene ingresos de más de 2 trillones de dólares anuales. Ahora, utilizan el mismo argumento que le fue tan útil a la industria del tabaco hace décadas, cuando surgieron las primeras advertencias sobre los riesgos de fumar. Si una persona ofrecía consejo o algún producto para reducir los riesgos del cigarro era inmediatamente atacada en sus motivos por aquellos que, precisamente, eran los que estaban lucrando con la salud de los demás.

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