La Contaminación Electromagnética

La hemos aceptado y utilizado, se ha extendido rápidamente adueñándose de nuestros espacios. Nos envuelve todo el tiempo, pero nuestros sentidos no la captan: no la vemos, no la escuchamos, ni la olemos. Sus efectos sobre nuestra salud no son inmediatos, se van acumulando día a día y se manifiestan después de algunos años. Por ello, todavía muy pocos están conscientes de la existencia de esta amenaza.

Nos han asegurado que no hay riesgos, que los estudios demuestran que no debemos preocuparnos.

La realidad es que estamos siendo bombardeados por radiación electromagnética todo el tiempo, con intensidades crecientes y con efectos que todavía desconocemos.

Los fuertes intereses de la industria celular financian investigaciones diseñadas a modo para que se considere su tecnología como segura, generando una falsa polémica y ejerciendo gran influencia en la regulación

Lo cierto, es que cada día se acumula más evidencia sobre los daños que puede provocar la radiación electromagnética, sobre la forma en que puede dañar el ADN de las células e incrementar el riesgo de contraer cáncer.

Si los resultados de todas las investigaciones que han encontrado relación entre el cáncer y la radiación electromagnética resultan ser ciertos, estamos en riesgo de enfrentar una de las crisis de salud pública más graves de la historia.

Todavía existe incertidumbre sobre los daños potenciales, para que los estudios sean concluyentes hace falta más evidencia de enfermos y sus niveles de exposición. El problema es que la incertidumbre provoca inacción y los niveles de exposición continúan aumentando a niveles sin precedente en la historia. De hecho, la contaminación por radiación de teléfonos celulares es un millón de veces mayor que hace sólo diez años.

Mientras se acumula evidencia sobre los riesgos, muchos científicos y gobiernos están adoptando el principio de precaución. Es mejor protegernos ahora y evitar ser parte de las estadísticas en el futuro.

Las ondas electromagnéticas penetran varios centímetros en los cráneos de los adultos y prácticamente en todo el cerebro de los niños. Las mujeres embarazadas están exponiendo a sus bebés a niveles de radiación que pueden provocar leucemia, autismo y otras enfermedades.

No caigamos en el error de pensar que la ausencia de evidencia definitiva es prueba de que no existen riesgos. El uso intensivo de teléfonos celulares lleva relativamente poco tiempo y los tumores cerebrales tardan décadas en aparecer, es natural que todavía no existan datos concluyentes.

Se han realizado muchas investigaciones serias e independientes que vinculan a la radiación electromagnética con enfermedades como tumores cerebrales, tumores de pecho, cáncer, Alzheimer, autismo, leucemia, stress, problemas de sueño y depresión, entre otras. No se puede afirmar que los teléfonos celulares son seguros, es imprudente continuar actuando como si el riesgo no existiera.

La amenaza que estamos enfrentando es enorme, nadie conoce las consecuencias de décadas de exposición con los niveles de radiación a los que hemos llegado en años recientes. Cualquier evidencia de riesgo debe considerarse con absoluta seriedad y preocupación.

Los casos de autismo se han incrementado 6,000% en los últimos años y se espera que los casos nuevos de Alzheimer aumenten 300% en América del Norte, los casos de cáncer de pulmón subieron 50%, los de cáncer de seno 200% y los de cáncer de próstata 400%. Muchos estudios independientes sugieren que los crecientes niveles de radiación electromagnética tienen algo que ver con estas tendencias. 

Los niveles de radiación mínimos marcados por los "estándares de seguridad" actuales son mil veces mayores a los que provocan efectos biológicos. La industria celular tendría que reducir la radiación de sus teléfonos mil veces para asegurarnos que no habrá efectos sobre nuestra salud.

 

¿Sabía usted qué? 

·        La radiación electromagnética que nos rodea se ha incrementado un millón de veces en los últimos diez años y cien millones de veces desde hace cien años.

·        Durante la próxima década, prácticamente el 100% de la población mundial tendrá uno o más teléfonos celulares.

·        Los estándares “seguros” de la industria están mil veces por arriba de niveles de exposición en los que numerosos estudios científicos han encontrado graves daños para la salud.

·        Más de un 50% de la radiación emitida por un teléfono celular es absorbida por la cabeza del usuario.

·        Hay zonas de su cabeza que reciben hasta diez veces más radiación que otras y es en ellas donde se incrementan los riesgos.

·        Hay múltiples estudios de científicos reconocidos que han mostrado una relación entre la radiación de teléfonos celulares, los tumores cerebrales y otras enfermedades.

·        La industria de teléfonos celulares, a pesar de sus alegatos en contra de la existencia de riesgos, ya está incluyendo advertencias (en letras muy pequeñas y donde nadie las ve, por supuesto) en las que aconseja que no peguemos los aparatos a nuestras cabezas o nuestros cuerpos.

·        Los más afectados por la radiación electromagnética son los jóvenes y niños. Sus características físicas y biológicas, así como sus hábitos de uso, los convierten en el sector más vulnerable.

·        La famosa aseguradora Lloyd´s de Londres rehusó asegurar a los productores de teléfonos celulares contra posibles demandas futuras por daños a la salud provocados por la radiación electromagnética.

 

Es crítico que tengamos conciencia de la amenaza de la contaminación electromagnética, tomar medidas de precaución inmediatas y demandar a las autoridades regulatorias que se revisen los obsoletos estándares de seguridad actuales, basados en efectos termales y no biológicos.

Tal vez los diez o veinte años que tardan los tumores en desarrollarse parezcan estar muy lejos en el futuro como para preocuparnos, pero significa que los niños que han nacido en esta era de gran contaminación electromagnética enfrentan un enorme riesgo de sufrir las consecuencias antes de cumplir treinta años. Muchos investigadores serios están hablando de un problema de salud pública potencial en las próximas décadas: toda una generación está en peligro.

La solución no está en dejar de utilizar la tecnología inalámbrica, muchos la seguiremos usando por sus grandes beneficios; la telefonía celular nos ha acercado y ha cambiado muchos hábitos sociales, tanto en el hogar como en el trabajo, generando grandes aumentos en productividad. De cualquier manera, ya sea que usemos o no esta tecnología, la contaminación electromagnética nos afecta a todos. Consideremos los riesgos y tomemos medidas inmediatas.

Hay que adelantarse a las pruebas concluyentes que pide la industria celular sólo para ganar tiempo, sabiendo que tienen que pasar años para que los efectos más graves se manifiesten. Debemos protegernos desde ahora, antes que lamentar las consecuencias de no haber actuado.

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